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viernes, 25 de noviembre de 2011

Sin miedo al fracaso


Junto a la reciedumbre, la valentía. Tener decisión y empuje, de modo que los "miedos" infundados no atenacen la personalidad y sean capaces de "dar la cara" cuando sea necesario sin acobardarse por el "que dirán" o por vergüenzas tontas.
Con audacia, sin miedo al fracaso - que para una persona fuerte no es más que una experiencia de la que puede aprender- ni a los riesgos. No se trata de empujar a los alumnos a la temeridad, sino de ayudarles a no ser cobardes ni tener miedo al ridículo. Sólo así serán capaces de comprometerse en empresas valiosas.
Con serenidad y equilibrio interior, de modo que no se desmoronen ante la contrariedad o los pequeños contratiempos e imprevistos. Con elegancia ante el éxito o el fracaso, sin perder la calma si las cosas salen mal. La paciencia tiene mucho que ver con la paz interior, con la serenidad, con la seguridad. Para educar en la paciencia hace falta un ambiente de seguridad afectiva y una exigencia serena. Si la exigencia es caprichosa, produce inseguridad. Necesitan aprender a esperar, a dar a cada cosa su tiempo.
En definitiva, la fortaleza dota a la persona de señorío sobre sí mismo, de autodominio (vencerse a sí mismo es la batalla más importante de la vida).


2 comentarios:

Raquel Rico dijo...

El miedo genera miedo, la injusticia genera injusticia y la tolerancia genera tolerancia.
Eduquemos con el ejemplo en un ambiente adecuado.

Paloma dijo...

La paciencia es la madre de todas las ciencias, y con paciencia y tesón, se consigue todo lo que se persigue. Por desgracia, estos valores hoy en día no están en la mentalidad de muchos jóvenes, quizás porque la sociedad en la que vivimos, no nos permite tomarnos el tiempo necesario para dedicar a nuestros jovenes. Por lo tanto, ¿De quién es la culpa? De los padres, de los profesores, de los medios....